Mi pasión favorita del día empieza cuando llego a casa del trabajo y me reencuentro con mi bebé. Nuestro ritual nocturno de poner a Jesús sobre mi pecho hasta que concilia el sueño se ha convertido en mi momento más sagrado. Saber que en mis brazos él encuentra la paz y la seguridad que necesita para dormir no solo llena mi alma, sino que me recuerda noche a noche que tenerlo a mi lado es el más hermoso regalo de vida.
Nuestra complicidad se vive entre risas y charlas nocturnas. Antes de dormir, le hago sonidos con la boca a Jesús y él me regala sus mejores carcajadas. Con apenas 4 meses, me contesta con tiernos gugu como contándome las aventuras de su día. Es un momento lleno de alegría donde sus balbuceos y mi amor se entrelazan para fortalecer nuestro vínculo, sin duda, sus risas y mis mimos son la combinación perfecta.