Soy maestra y enseñar siempre ha sido una de las partes más hermosas de mi vida, pero desde que nació Salvador descubrí que existe una forma de enseñar que nace directamente del corazón. Cada día es una lección llena de amor, una oportunidad para descubrir el mundo juntos y crecer de la mano. Amo verlo explorar, aprender y alcanzar cada logro, porque con el late una parte de mi. Es mi mejor alumno, mi inspiración más profunda y sin duda alguna mi mayor regalo de vida.
Nuestro bebé nos enseñó que la complicidad también se vive en familia, cuando mamá y papá se convierten en equipo para verlo crecer y ser felices a su lado. Somos tres corazones aprendiendo, creciendo y amándonos cada día. Por qué cuando se unen el amor de mamá, la protección de papá y la alergia de nuestro hijo, tenemos la combinación perfecta: nuestra familia.
En contra de todo pronóstico médico te aferraste a la vida, llegaste antes de tiempo en una emergencia, pero fuiste inmensamente fuerte. Nos enseñaste que la fuerza no se mide en gramos si no en el corazón. Entendimos que el amor podía tener un nombre, una mirada y unas pequeñas manitos, eres nuestro mayor regalo, nuestro pedacito de cielo y el amor más bonito que conoceremos para toda la vida. Verte crecer es nuestro mayor privilegio y acompañarte en cada paso será siempre nuestro propósito.