Alabar con mi hija en brazos mientras la amamanto es mi paz. Ella es mi regalo de vida, la música la arrulla, a mí me sana y a las dos nos acerca más a Dios y la una a la otra. Es nuestro momento especial de madre e hija, conectadas por el amor.
Vivo esta complicidad todos los días, en nuestras risas, en nuestros moñitos iguales y en ese amor que solo nosotras dos entendemos. Somos almas gemelas, la combinación perfecta.