Es una complicidad sin palabras. La vivo en las miradas que solo nosotras dos entendemos, en cómo me busca con sus manitos cuando tiene sueño, en cómo yo ya sé qué quiere decir cada sonido que hace, aunque para los demás suene igual. Estamos aprendiendo juntas. Yo a ser su refugio y ella a confiar que siempre estaré ahí. Entre risas, siestas compartidas, y abrazos que curan todo, estamos construyendo un vínculo que no necesita explicación somos la combinación perfecta