Con mi hija Annie compartimos esos pequeños momentos que se convierten en grandes recuerdos. Después de pintar juntas, nos encanta limpiar sus manitas llenas de colores y disfrutar de su sonrisa. Para mí, esos instantes son un verdadero regalo de vida, porque no hay nada más bonito que verla descubrir, crear y aprender a mi lado.
La complicidad con mi hija Annie vive en esos pequeños instantes en los que una mirada basta para decirnos cuánto nos amamos. Nos encanta vestir de rosa, porque se ha convertido en nuestro color, en ese detalle que nos une y refleja la ternura de nuestro vínculo. Para nosotras, mirarnos con amor y vestir de rosa es la combinación perfecta, porque nuestro verdadero match es compartir la vida juntas y construir, día a día, un amor único e infinito.
Annie, quiero verte sonreír, crecer y aprender cada día, perderme en esos ojitos grises que tanto amo y acompañarte en cada etapa. Gracias por existir, por escogerme como tu mamá y por enseñarme lo bonito de la vida. Quiero estar a tu lado en cada sonrisa, cada abrazo, cada logro y también en los días difíciles. De tu mano y junto a Winny, quiero seguir escribiendo nuestra historia para toda la vida.