Desde pequeña, mi pasión siempre fueron los niños y mi mayor sueño era ser mamá. Después de años de anhelarlo, llegó Samantha, mi primer regalo de vida, una niña soñada, pedida y amada desde mucho antes de conocerla. Como fui hija única, siempre quise darle una hermanita que fuera su cómplice y mejor amiga. Después de cuatro años de espera llegó Francesca, mi segundo regalo de vida. Hoy, mi pasión es vivir junto a ellas la magia de ser mamá.
La complicidad de mis hijas vive en su mirada, sonrisa, abrazo y pequeños momentos juntas. Después de esperar tanto por Francesca hoy disfruto verlas descubrir el mundo mientras construimos un vínculo lleno de amor y ternura. Ellas siempre buscan mi mirada y yo encuentro en las suyas una conexión inexplicable. Somos cómplices de aventura aprendizaje y sueños, todas diferentes pero perfectamente complementarias. Somos una combinación perfecta de amor y vida
Francesca, llegaste como el regalo de vida que tanto soñé y también como el sueño de hermana que nunca tuve. Verte crecer junto a Samantha, compartir sus juegos, miradas, abrazos y pequeñas travesuras, llena mi corazón de una manera que no puedo explicar. Deseo que siempre sean refugio, cómplices y mejores amigas, que se elijan una a la otra en cada etapa de la vida. Porque el amor que hoy las une es mi mayor sueño hecho realidad, un vínculo para toda la vida