Mi pasión hoy es detener el tiempo para mirarte, Benjamín. Descubrir cada día una nueva expresión en tu carita, sentir tus pequeñas manos, escuchar tus sonidos y sorprenderme con cada cambio, por pequeño que sea. Amo pensar que apenas estamos conociendo quién eres y que tenemos toda una vida para descubrirte. Verte crecer es contemplar el amor hacerse realidad frente a nuestros ojos. Tú eres nuestro regalo de vida, y acompañarte en cada comienzo, nuestro privilegio más hermoso.
Nuestra complicidad vive en la calma de estar juntos, piel con piel, sin necesitar palabras. Cuando Benjamín descansa sobre mi espalda, siento que el mundo se detiene y solo existimos nosotros. Su respiración, sus pequeños movimientos y su tranquilidad son la forma más pura de decirme que soy su lugar seguro. Mientras él crece y yo aprendo a ser su papá, descubrimos juntos la combinación perfecta: mi hijo y yo, construyendo un amor para toda la vida.
Benjamín hijo nuestro, llegaste como llegan los milagros, después de la espera, llenándolo todo de luz. Antes de tenerte en nuestros brazos, ya vivías en nuestros sueños y en lo más profundo de nuestro corazón. Eres la esperanza hecha vida, el amor que floreció después de la tormenta y la razón de una felicidad que no sabíamos que podía existir, te amamos con todo nuestro corazón. Tú eres nuestro para siempre, para toda la vida, con amor tus papas.