Miro a Leonardo, me sonrie y todavía me parece un sueño tenerlo entre mis brazos. A mis 40, cuando pensé que quizá ya no tendría otra oportunidad de ser mamá, Dios me sorprendió con mi regalo de vida, fruto de una oración. Entre abrazos y canciones “Vamos a jugar a los animales”, “La colita es mía” y “Cosita mía y solo mía” creamos recuerdos. Y me emociona ver a Miguel Angel cuidarlo y protegerlo. Leonardo nos enseñó que el amor, en familia, no se divide: se multiplica.
Los miro y sonrío: mi vida entera en una foto. Miguel Ángel y yo somos Leo, y durante el embarazo imaginábamos que Leonardo también lo sería. Pero llegó antes de lo esperado y hoy es Cáncer. Aun así, es Leo de nombre y, sobre todo, de corazón. Hoy los tres vestimos los colores de Colombia y siento que compartimos mucho más que una camiseta: compartimos una pasión. Ellos son mi combinación perfecta, mi orgullo y el amor que hace latir mi corazón.