Disfruto cada mañana a tu lado, verte crecer poquito a poquito, amamantarte, tenerte en mis brazos, sentirte dormir sobre mi pecho, bañarte, cambiarte e incluso escuchar tu llanto tierno. Cada instante contigo es un regalo de vida. Eres mi muñequita preciosa, mi amor, mi esperanza y esa hermosa oportunidad de reconciliarme conmigo misma mientras descubro, día a día, la dicha de ser tu mamá.
Entre miradas, abrazos y pequeños momentos, tú y yo vamos construyendo un vínculo que solo nosotras entendemos. Aprendo tus gestos, reconozco tus sonidos y tú poco a poco reconoces mis brazos, mi voz y mi corazón. Somos complicidad, ternura y amor creciendo juntas, tú eres mi calma y yo tu refugio. Sin darnos cuenta, nos convertimos en la combinación perfecta.
Quiero que sepas, mi niña, que llegaste a mi vida como un regalo de Dios: eres mi amor, mi reconciliación, mi esperanza, mi melodía y ese rayo de luz que iluminó hasta los rincones más profundos de mi corazón. En tus ojos encuentro paz y en tus brazos, un nuevo comienzo. Te amaré, te cuidaré y caminaré contigo para toda la vida. Mi princesa, eres y siempre serás una parte de mi alma.