Paulina y yo no nos conocimos: nos reconocimos. Como si su alma hubiera sabido siempre el camino hasta la mía. Ella llegó tan pequeña y, sin saberlo, me hizo inmensa. Somos la combinación perfecta: mi caos y su calma, su risa y mi refugio, su manito y mi mundo entero. Nuestra combinación perfecta no fue casualidad: de todas las vidas posibles, nos tocamos esta. Y volvería a elegirla en todas.