Mi pasión ahora tiene un nombre: Emmanuel. Amo esos momentos en los que hablamos, aunque todavía sea con balbuceos, y nos regalamos sonrisas que iluminan todo. Cada palabra, cada mirada y cada sonrisa a su lado hacen que mi corazón se llene de amor. Él es mi compañero de aventuras y mi más hermoso regalo de vida.
Nuestra complicidad vive en cada mirada, cada sonrisa y esos pequeños momentos en los que parece que nos entendemos sin decir una palabra. Amo hablarle, verlo sonreír y descubrir juntos cada día. Entre abrazos, ternura y mucho amor, estamos construyendo un vínculo único y para mí somos la combinación perfecta: él y yo, aprendiendo y creciendo juntos.
Mi Emmanuel, eres el regalo más hermoso que Dios me pudo dar. Agradezco cada día por tenerte en mi vida, porque desde que llegaste te convertiste en lo más bonito de ella. Cada mirada, cada sonrisa y cada momento a tu lado hacen que todo sea perfecto. Anhelo acompañarte en cada etapa, cuidarte, enseñarte, abrazarte y ser siempre tu lugar seguro. Verte crecer es un privilegio y el amor más grande que mi corazón ha conocido. Hijo mío, TE AMARÉ TODA LA VIDA.