Después de un día largo, no hay nada que disfrute más que llegar a casa, acostarme y olvidarme de todo por un momento. Porque cuando mi hijo se acerca, comienza nuestro pequeno mundo: jugar, hacerle cosquillas, verlo reír y disfrutar de esas sonrisas que hacen que cualquier cansancio desaparezca. Esos momentos sencillos, acostados juntos y compartiendo, son los que realmente llenan mi corazón. Porque tenerlo en mi vida es mucho más que una alegría, es mi regalo de vida.