Me encanta verla sonreír cuando me acerco a hablarle y decirle cosas bonitas, eso me hace ver que es un regalo de vida hermoso, y que desde sus primeros días la he podido disfrutar. Me llena de amor verla sonreír.
Cada día que pasa, ella se convierte en mi cómplice. Y a pesar de que son muy pocos los días que hemos estado juntas, en cada sonrisa, mirada, y cada vez que la tomo en mis brazos se hace una perfecta combinación, así estrechamos nuestros lazos, y fortalecemos el vínculo especial de amor que nació el día en que la conocí.